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Reflexiones sobre la compra de fincas rústicas en España.

Ha habido dos casos que me han ocurrido últimamente que me han hecho reflexionar sobre el tema.

Un comprador con alto poder adquisitivo,  que empieza buscando una finca rústica con unas características determinadas a un precio por hectárea razonable (para el momento de crisis actual, es decir, un precio rebajado sobre un 40% del precio de hace, tan solo, unos pocos años).

Pues bien, empieza a ver unas cuantas fincas rústicas durante unos meses y, de repente, se entera  de que una de las fincas que ha visto, que ni siquiera ha ofertado porque no le interesaba, se ha vendido a un precio extraordinariamente bajo.

Desde ese momento pone como precio de mercado ese mismo precio. Qué pasa desde ese momento, que cualquier finca que le ofreces está cara según sus criterios. Qué pasa, que desde ese momento la prioridad de busca es el precio por encima de sus gustos.

Lo más normal es que ese comprador, en el mejor de los casos y al cabo de un tiempo, desista de comprar una finca rústica, se canse de buscarla. En el peor de los casos comprará la finca por precio y, a la vuelta de unos años, la pondrá a la venta arrepentido de su error.

Lo normal es que en ese trascurso de tiempo el mercado de fincas rústicas se haya normalizado y, como consecuencia, tendrá que perder dinero para poder venderla.

Pero, volvamos al principio y recordemos ese dicho tan popular (que a mi me gusta mucho) de que “ A veces los árboles no te dejan ver el bosque”, Un comprador con alto poder adquisitivo,  que empieza buscando una finca rústica con unas características determinadas a un precio por hectárea razonable (para el momento de crisis actual, es decir, un precio rebajado sobre un 40% del precio de hace, tan solo, unos pocos años).

¿Porqué no eligió aquella finca que le gustaba tanto, que reunía casi todo lo que el buscaba y que estaba a un precio muy razonable?

¿Porqué dejó de ver fincas rústicas que, a priori, reunían las condiciones que él buscaba solo porque no estaban a ese precio extraordinariamente bajo?

Yo creo que la razón está en la condición humana.

F.G.

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